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lunes, 11 de agosto de 2014

¿LA EUCARISTÍA ES IMPORTANTE EN MI VIDA?


El Señor Jesús, en su infinito amor por nosotros, murió en la Cruz, entregando su propia vida para que nosotros pudiésemos participar de la vida divina. Mediante su sacrificio generoso, venció la muerte. Pero eso no es todo. Además de haber muerto, resucitado y ascendido al cielo, el Señor Jesús no nos deja solos. Él mismo nos prometió que estaría con nosotros “todos los días hasta el fin del mundo”, lo que ha querido hacer no sólo de una manera espiritual, sino que también ha querido acompañarnos mediante su presencia real en medio de nosotros, bajo la apariencia de pan y de vino, en el sacramento de la Eucaristía.

“Al participar en la Eucaristía te unes a la Pasión de Cristo. Al alimentarte con Él, su Cuerpo y su Sangre te dan vida verdadera”

En la Santa Misa, por medio de la consagración, el sacerdote convierte el pan y el vino ofrecido en el altar, en cuerpo y sangre de Cristo. De esta manera se renueva en el altar el Sacrificio de Jesús en el Calvario. Por esto, la Eucaristía es llamada “memorial” del Sacrificio Redentor. No es otro sacrificio distinto del sacrificio de la Cruz. El mismo Jesús se entrega por nosotros en él. Así, el sacrificio que Cristo ofreció de una vez para siempre en la cruz, permanece siempre actual.

Misterio de misterios, la Eucaristía es un auténtico don del amor de Dios por nosotros. El Señor Jesús, en la muestra más grande del amor del Padre, se despojó de sí mismo tomando condición de siervo, haciéndose semejante a los hombres… y se humilló a sí mismo obedeciendo hasta la muerte, y muerte de Cruz, obteniendo para nosotros la reconciliación definitiva. Pero, aunque en el misterio de la Anunciación- Encarnación, Muerte, Resurrección y Ascensión de Jesucristo, la obra de la reconciliación, se realizó una vez y para siempre, el mismo Señor Jesús quiso dejarnos en el misterio eucarístico el memorial de su sacrificio reconciliador. Cada vez que se celebra la Eucaristía, se re-actualiza el mismo sacrificio del Hijo de Dios como Cordero Inmaculado. En cada Eucaristía, el Señor Jesús sigue despojándose de sí mismo para tomar la apariencia de Pan y Vino, y ofrecerse nuevamente al Padre por nosotros.

¿Eres realmente consciente de la importancia vital que tiene la Eucaristía en tu vida?



viernes, 23 de agosto de 2013

ORACIÓN A MARÍA MADRE DE LA EUCARISTÍA

Oración a María Madre de la Eucaristía

Ave María, dulce Madre de la Eucaristía.
Con dolor y mucho amor, nos has dado
a tu Hijo Jesús mientras pendía de la Cruz.
Nosotros, débiles criaturas, nos aferramos a Ti
para ser hijos dignos de este
gran AMOR y DOLOR.
Ayúdanos a ser humildes y sencillos,
ayúdanos a amar a todos los hombres,
ayúdanos a vivir en la gracia
estando siempre listos para recibir
a Jesús en nuestro corazón.
Oh María, Madre de la Eucaristía,
nosotros, por cuenta propia, no podremos comprender
este gran misterio de amor.
Que obtengamos la luz del Espíritu Santo,
para que así podamos comprender
aunque sea por un solo instante,
todo el infinito amor de tu Jesús
que se entrega a Sí mismo por nosotros.
Me uno a tu hijo y a ti Madre Santísima en cada Comunión
Tu eres la Reina de la Eucaristía, la madre del verbo encarnado,
Jesús, carne de tu carne, nuestro Dios y Salvador

                                                                          Amén








lunes, 3 de junio de 2013

JESÚS PAN DE VIDA


¿OH BUEN JESÚS! , PAN VIVO BAJADO DEL CIELO A LA TIERRA,
EN LA MESA DEL PADRE BENDECIDO. PARA QUE FUERAS EN TU ÚLTIMA CENA,
CON AMOR, COMULGADO Y COMPARTIDO.

TRIGO PURO, TRITURADO EN LA MOLIENDA DEL MARTIRIO,
SOBRE LA PIEDRA RUGOSA DEL CALVARIO,
CON AZOTES, LANZAS, CRUZ Y CLAVOS.

CONVERTISTE TU SUFRIENTE HUMANIDAD DIVINA,

FERMENTADA EN LA PASIÓN, EN BLANCA HARINA,
Y AMASADAS CON DOLOR, PARA TU FRENTE LAS ESPIGAS.
EL ODIO VERDUGO, LAS TEJIÓ EN CRUEL CORONA DE ESPINAS.

EL AMOR PASCUALIZADO PUDO A LA MUERTE,
Y CONTENIDO EN EL MILAGRO DE TU SER RESUCITADO,
OCULTO HECHO HOSTIA, VIVES VIVO PARA SIEMPRE.

TESTAMENTO Y MEMORIAL POR LOS SIGLOS ACUÑADO,
TE CONTEMPLA MI FE, COMO EL MAS PRECIADO RELICARIO.
QUÉDATE EN MI, DULCE COMPAÑÍA, PORQUE ANOCHECE EL DÍA.
SEREMOS DOS EN UNO, ALIANZA DE AMOR DEFINITIVA, 
LA COMIDA SERÁ TU CUERPO Y MI VIDA EUCARISTÍA.




viernes, 1 de marzo de 2013

LA EUCARISTÍA : VÍCTIMA INMACULADA

En cada Eucaristía se renueva el sacrificio de amor de Jesús por la Humanidad. La entrega de Cristo llegó a hacerse sacramento permanente en un pan y en un vino que convierten en alimento su Cuerpo y Sangre para todos los que quieran aceptarle, y hacerse una sola Carne, Sangre, Divinidad y Humanidad con Él, como un adelanto en la tierra de lo que será eternamente en el cielo.

La Santa Misa es entonces la celebración de la Cena del Señor en la cuál Jesús, en la víspera de su pasión, antes de ser entregado, se entrega como alimento y ofrecimiento anticipado y real de su muerte antes de su Pasión. Por eso "cuando comemos de ese pan y bebemos de esa copa ( su cuerpo y su sangre en cada Eucaristía), proclamamos la muerte del Señor hasta que vuelva" (1 Cor 11, 26).


De aquí que podamos decir que la Eucaristía es memorial de la Ultima Cena, pero por sobre todo de la Muerte de Cristo que es Señor y Salvador; quién se inmoló para la Redención de los Hombres. Se ofreció como víctima de salvación y nos mandó perpetuar esta ofrenda en conmemoración suya.


Tenemos la alegría de saber que su muerte no terminó en el fracaso sino en el éxito, tuvo un por qué y para qué: fue una "entrega", un "darse", fue "por algo" o, mejor dicho, "por alguien" y nada menos que por "nosotros y por nuestra salvación" (Credo). "Nadie me quita la vida, había dicho Jesús, sino que Yo la entrego libremente. Yo tengo poder para entregarla." (Jn 10,16), y hoy nos dice que fue para "remisión de los pecados" 



Jesús se entregó por completo donando su propia vida, para darnos Vida Eterna. Su Amor es incondicional. procuremos amarle y recompensarle aunque sea un poquito por su infinito Amor y Misericordia.


sábado, 19 de enero de 2013

AMADA EUCARISTÍA

Oh Amada Eucaristía,  refugio y  fortaleza, alimento que da vida eterna,

Amada Eucaristía, misericordia infinita, alegría del triste, consuelo del afligido,

Amada Eucaristía, fortaleza del débil, liberación del oprimido,

Amada Eucaristía, Hostia Sagrada, Rey del Universo, Amor de los Amores,

Amada Eucaristía, preciosa sangre y precioso cuerpo, Salvador del mundo,

Amada Eucaristía, misterio insondable, redención de los hombres,

Amada Eucaristía, trigo inmortal, sangre celestial,

Amada Eucaristía, alegría plena, gloria eterna, paz verdadera,

Amada Eucaristía, luz del mundo, cordero inmaculado, sacrificio de amor,

Amada Eucaristía, quédate conmigo y yo me quedo contigo, porque te necesito.

(Dora Beatriz Gallo)






lunes, 19 de noviembre de 2012

LA EUCARISTÍA: ALIMENTO PARA EL ALMA

Para el que tiene fe, la Comunión con la Eucaristía, jamás sería comparable, ni con el bocado más exquisito del mundo, es uno de los momentos más íntimos y amorosos entre una criatura con su Creador.

El concilio de Trento define claramente esta verdad, fundamental para la vivencia y adoración de Cristo: " En el Santísimo Sacramento de la Eucaristía se contiene verdadera, real y sustancialmente el Cuerpo y Sangre de nuestro Señor Jesucristo, juntamente con su Alma y Divinidad. En realidad Cristo íntegramente."

Como católicos, creemos que Jesucristo está personalmente presente en el altar siempre que haya una hostia consagrada en el sagrario. Es el mismo Jesucristo, verdadero Dios y verdadero Hombre, que andaba por los caminos de Galilea y Judea. Creemos que El viene ahora como nuestro huésped personal, cada vez que recibimos la Santa Comunión.

JESÚS ESTÁ PRESENTE, ACÉRCATE CON GRAN DEVOCIÓN A ALIMENTAR TU ALMA. PÍDELE A NUESTRA MADRE, LA VIRGEN MARÍA QUE PREPARE TU ALMA PARA ESE INSTANTE MARAVILLOSO DE AMOR!

martes, 14 de agosto de 2012

La Sagrada Eucaristía, por San Alberto Hurtado


LA SAGRADA EUCARISTíA


(San Alberto Hurtado)

I. La Eucaristía como sacrificio

El sacrificio eucarístico es la renovación del sacrificio de la cruz. Como en la cruz todos estábamos incorporados en Cristo; de igual manera en el sacrificio eucarístico, todos somos inmolados en Cristo y con Cristo.
De dos maneras puede hacerse esta actualización. La primera es ofrecer, como nuestra, al Padre celestial, la inmolación de Jesucristo, por lo mismo que también es nuestra inmolación. La segunda manera, más práctica, consiste en aportar al sacrificio eucarístico nuestras propias inmolaciones personales, ofreciendo nuestros trabajos y dificultades, sacrificando nuestras malas inclinaciones, crucificando con Cristo nuestro hombre viejo. Con esto, al participar personalmente en el estado de víctima de Jesucristo, nos transformamos en la Víctima divina. Como el pan se transubstancia realmente en el cuerpo de Cristo, así todos los fieles nos transubstanciamos espiritualmente con Jesucristo Víctima. Con esto, nuestras inmolaciones personales son elevadas a ser inmolaciones eucarísticas de Jesucristo, quien, como Cabeza, asume y hace propias las inmolaciones de sus miembros. ¡Qué horizontes se abren aquí a la vida cristiana!

La Misa centro de todo el día y de toda la vida. Con la mira puesta en el sacrificio eucarístico, ir siempre atesorando sacrificios que consumar y ofrecer en la Misa. ¡Mi Misa es mi vida, y mi vida es una Misa prolongada!

II. La Eucaristía es centro de la vida cristiana

Por la Eucaristía tenemos la Iglesia y por la Iglesia llegamos a Dios.
Cada hombre se salvará no por sí mismo, no por sus propios méritos, sino por la sociedad en la que vive, por la Iglesia, fuente de todos sus bienes.

Sin la Eucaristía, la Iglesia de la tierra estaría sin Cristo. La razón y los sentidos nada ven en la Eucaristía, sino pan y vino, pero la fe nos garantiza la infalible certeza de la revelación divina; las palabras de Jesús son claras: «Este es mi Cuerpo, esta es mi Sangre» y la Iglesia las entiende al pie de la letra y no como puros símbolos. Con toda nuestra mente, con todas nuestras fuerzas, los católicos creemos, que «el cuerpo, la sangre y la divinidad del Verbo Encarnado» están real y verdaderamente presentes en el altar en virtud de la omnipotencia de Dios.
El Cristo Eucarístico se identifica con el Cristo de la historia y el de la eternidad. No hay dos Cristos sino uno solo. Nosotros poseemos en la Hostia al Cristo del sermón de la montaña, al Cristo de la Magdalena, al que descansa junto al pozo de Jacob con la samaritana, al Cristo del Tabor y de Getsemaní, al Cristo resucitado de entre los muertos y sentado a la diestra del Padre. No es un Cristo el que posee la Iglesia de la tierra y otro el que contemplan los bienaventurados en el cielo: ¡una sola Iglesia, un solo Cristo!Esta maravillosa presencia de Cristo en medio de nosotros, debería revolucionar nuestra vida. No tenemos nada que envidiar a los apóstoles y a los discípulos de Jesús que andaban con Él en Judea y en Galilea. Todavía está aquí con nosotros.

En cada ciudad, en cada pueblo, en cada uno de nuestros templos; nos visita en nuestras casas, lo lleva el sacerdote sobre su pecho, lo recibimos cada vez que nos acercamos al sacramento del Altar.Un alma permanece superficial mientras que no ha sufrido. En el misterio de Cristo existen profundidades divinas donde no penetran por afinidad sino las almas crucificadas. La auténtica santidad se consuma siempre en la cruz. El que quiere comulgar con provecho, que ofrezca cada mañana una gota de su propia sangre para el cáliz de la redención.

III. La Eucaristía y las aspiraciones del hombre
La gran obra de Cristo, que vino a realizar al descender a este mundo, fue la redención de la humanidad. Y esta redención en forma concreta se hizo mediante un sacrificio. Toda la vida del Cristo histórico es un sacrificio y una preparación a la culminación de ese sacrificio por su inmolación cruenta en el Calvario.

Toda la vida del Cristo místico no puede ser otra que la del Cristo histórico y ha de tender también hacia el sacrificio, a renovar ese gran momento de la historia de la humanidad que fue la primera Misa, celebrada durante veinte horas, iniciada en el Cenáculo y culminada en el Calvario.Toda santidad viene del sacrificio del Calvario, él es el que nos abre las puertas de todos los bienes sobrenaturales. Todas las aspiraciones más sublimes del hombre, todas ellas, se encuentran realizadas en la Eucaristía:


1. La Felicidad:
el hombre quiere la felicidad y la felicidad es la posesión de Dios. En la Eucaristía, Dios se nos da, sin reserva, sin medida; y al desaparecer los accidentes eucarísticos nos deja en el alma a la Trinidad Santa, premio prometido sólo a los que coman su Cuerpo y beban su Sangre.
2. Ser como Dios:
El hombre siempre ha aspirado a ser como Dios, a transformarse en Dios, la sublime aspiración que lo persigue desde el Paraíso. Y en la Eucaristía ese cambio se produce: el hombre se transforma en Dios, es asimilado por la divinidad que lo posee; puede con toda verdad decir como San Pablo: «ya no vivo yo, Cristo vive en mí» (Gál 2,20).

3. Hacer cosas grandes:
El hombre quiere hacer cosas grandes por la humanidad; pero, ¿dónde hará cosas más grandes que uniéndose a Cristo en la Eucaristía? Ofreciendo la Misa salva la humanidad y glorifica a Dios Padre en el acto más sublime que puede hacer el hombre. El sacerdote y los fieles son uno con Cristo, «por Cristo, con Él y en Él» ofrecemos y nos ofrecemos al Padre.

4. Unión de caridad:
En la Misa, también nuestra unión de caridad se realiza en el grado más íntimo. La plegaria de Cristo «Padre, que sean uno... que sean consumados en la unidad» (Jn 17,22-23), se realiza en el sacrificio eucarístico. ¡Oh, si fuéramos a la Misa a renovar el drama sagrado, a ofrecernos en el ofertorio con el pan y el vino que van a ser transformadas en Cristo pidiendo nuestra transformación! La consagración sería el elemento central de nuestra vida cristiana. Teniendo la conciencia de que ya no somos nosotros, sino que tras nuestras apariencias humanas vive Cristo y quiere actuar Cristo...Y la comunión, esa donación de Cristo a nosotros, que exige de nosotros gratitud profunda, traería consigo una donación total de nosotros a Cristo, que así se dio, y a nuestros hermanos, como Cristo se dio a nosotros.

A la comunión no vamos como a un premio, no vamos a una visita de etiqueta, vamos a buscar a Cristo para «por Cristo, con Él y en Él» realizar nuestros mandamientos grandes, nuestras aspiraciones fundamentales, las grandes obras de caridad... Después de la comunión quedar fieles a la gran transformación que se ha apoderado de nosotros.